A 30 años del fin de semana más trágico de la Fórmula 1

El Gran Premio de San Marino de 1994 marcó la categoría para siempre.

En 1994 el mundo del automovilismo se sacudió tres veces en tres días por tres trágicos accidentes. Rubens Barrichello, Roland Ratzenberger y Ayrton Senna fueron los protagonistas, en ese orden. Lo curioso es que de cierta manera todos los choques estuvieron conectados entre ellos.

El Gran Premio de San Marino fue el epicentro de aquella jornada fatídica. Barrichello estaba en uno de los mejores momentos de su corta carrera -21 años tenía- y marcaba un buen comienzo en el país europeo quedando décimo en el entrenamiento. Completó la primera vuelta de la clasificación sin mayores inconvenientes, pero decidido a mejorar su tiempo tomó más riesgos en la segunda pasada.

Se vio salir volando a 225 km/h el Jordan-Hart que manejaba Rubinho en la Variante Bassa y estrellarse con el alambrado que recubría esa parte de la pista, a pocos metros de la recta final. “Morí durante seis minutos”, declaró tiempo más tarde en una entrevista con MotorSport y así lo cercioró el Dr. Sid Watkins, quién lo socorrió en el momento del accidente.

La doble volcada y el aterrizaje contra el piso, tras tocar el borde del asfalto, tuvo como consecuencia la dislocación de una costilla y una pequeña fractura en su nariz. Un resultado mucho más ameno de lo que se suponía. “Me apagué totalmente en el acto. Fue un impacto de 90G. En el golpe me tragué la lengua. Me quedé un mes, más o menos, con memoria corta”.

Al piloto de San Pablo lo encontraron en su asiento totalmente ensangrentado y sin moverse lo más mínimo. Lo atendieron 10 minutos y después lo llevaron al Centro Médico del mismo circuito, ahí recibió la visita de su compatriota, el mejor automovilista del momento.

Intercambiaron un par de palabras y en la mañana Barrichello ya estaba ahí, nuevamente en la pista, pero afuera del vehículo; miraba el desarrollo de la carrera con su brazo enyesado mientras le comentaba a Senna el peligro que suponía el nuevo trazado de los bordes y cómo este podía descarrilar un auto a gran velocidad.

Ayrton Senna recorrió esa pista al día siguiente.

Ese 30 de abril arrancó la segunda ronda de la clasificación, mientras los brasileños miraban desde las gradas. El austríaco Roland Ratzenberger peleaba mano a mano arriba de su Simtek con el francés Paul Belmondo, por un puesto en la grilla final. A bordo de ese vehículo (que en la época era tildado como “inseguro”) Ratzenberger tuvo un leve choque con su colega David Brabham antes de la vuelta rápida, pero no escaló a mayores.

Fue entonces cuando, minutos más tarde, el Autódromo Enzo e Dino Ferrari de Imola se hizo testigo del segundo accidente del fin de semana, en este caso Ratzenberger falleció en el acto. A más de 300 km/h el alerón izquierdo delantero del Simtek salió disparado y tomando la curva Villeneuve hacia la derecha el piloto terminó de perder el control del vehículo.

Una fractura en su cráneo le causó la muerte instantánea, el habitáculo del coche en cambio se encontraba inmaculado. Austria quedó conmocionada con el choque de frente contra el paredón de esa máquina violeta que, al no poder girar, no tuvo otro destino más que el concreto.

Ratzenberg, a bordo de su Simtek.

Senna no participó de la carrera de aquel día por respeto y por un auténtico estado de shock ante la situación. En conmemoración, el brasileño decidió llevar una pequeña bandera de Austria dentro de su Williams FW16. Unos comisarios descubrieron ese pedazo de tela al día siguiente.

Para no perder la costumbre, la jornada arrancaba de la peor manera. Jyrki Juhani Järvilehto (o J.J. Lehto) quedaba estancado en el quinto cajón. Senna, Schumacher, Berger y Hill -que habían salido más adelantados- parten sin problemas, mientras que la mayoría de los que venían atrás del finés logran esquivar su Mild Seven Benetton Ford V8. Todos salvo Pedro Lamy, que se incrustó directamente con el Lotus que manejaba, tan fuerte que dos ruedas golpearon a espectadores en las tribunas. Un accidente muy parecido a lo que fue el de Didier Pironi y Ricardo Paletti en 1982, en el que este último perdió la vida. A pesar de la estrepitosa secuencia, la carrera en San Marino se reanuda hasta la séptima vuelta.

Dato no menor, 1994 fue el año en el que se introdujo la implementación del auto de seguridad, por lo que muchos corredores no se habían adaptado a esta novedad.

Tras esa salida entra en juego el famoso safety carSenna ansioso por lo lento que iba, se empezó a impacientar y gesticulaba constantemente de mala manera. Llegando a la curva de Tamburello el auto de Senna -que iba a más de 300 km/h- dejó de girar y chocó con el paredón. El silencio fue total. La velocidad, el ángulo, los escombros y el vuelo del automóvil provocaron ese silencio. Sin embargo, y a pesar de todo pronóstico, Senna seguía vivo.

La rueda derecha había golpeado su casco y un brazo de la suspensión lo atravesó. Traqueotomía en el lugar, al costado de lo que había quedado del auto destruido para que el sudamericano mantuviera latiendo su corazón.

A las 15:35 lo trasladaron al Hospital Maggiore de Bolonia, a eso de las 16:20 Michael Schumacher ganaba el Gran Premio de San Marino y a las 18:40 se daba a conocer la noticia del fallecimiento del triple campeón del mundo, Ayrton Senna.