Luis Miguel, la serie: entre los últimos coletazos de la música disco, el pop noventoso, la ranchera y Frank Sinatra

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La segunda temporada de la exitosa ficción de Netflix presenta un explosivo cóctel musical que bien vale detenerse a escuchar

Estrenada por Netflix hace diez días, la segunda temporada de Luis Miguel: la serie volvió a calentar el streaming, llevando la producción de Gato Grande y MGM al primer lugar en la Argentina el mismo día que se subió. No es de extrañar, no solo por la calidad narrativa de la primera temporada sino también porque el pacto de amor entre el cantante mexicano y el público argentino parece irrompible.

Gran vendedor de discos y artista de estadios, Luismi contraataca ahora con el laberinto dramático de su propia historia en la piel de Diego Boneta, quien también se hace cargo de sus canciones. Para recorrer la música de esta nueva temporada se ha optado por recurrir a las versiones originales de Luis Miguel (para apreciar la auténtica música por detrás) y combinarlas con otras músicas que suenan de forma casual o aleatoria en los nuevos capítulos. La playlist que sigue es un concentrado de dance con hitazos del extenso catálogo del astro mexicano.

He’s A Dream” (Shandi, 1983): Es natural que en una serie que desnuda la trama perversa por detrás de la construcción de uno de los ídolos máximos de la canción latinoamericana se escuche un fragmento del soundtrack de Flashdance, un símbolo pop-aspiracional de los 80. Irene Cara (“What a Feeling”) se volvió la voz por detrás de un fenómeno global de taquilla (200 millones de dólares de recaudación) en cuya música trabajó el genial Giorgio Moroder, que incluyó a su cantante fetiche Donna Summer y también a la efímera Shandi Sinnamon. “He’s a dream” era el tema 2 del lado 1 del álbum de Flashdance y suena un poco a (la subvalorada) Pat Benatar o Sheena Easton, pop rock apto para coreos.

 

Rythm Is A Dancer” (SNAP!, 1991): Mucha de la música que se escucha en fiestas a las que “Micky” es empujado como parte de su trabajo promocional reflejan la mutación del sonido disco en dance a través de la segunda mitad de los 80 y los años 90. Parte de esas estructuras funcionarían en la producción del Luis Miguel más pop y aparecen en la serie como un señalamiento de época al tiempo que un índice de ese sonido influido por los hits de discoteca. “Rythm Is A Dancer” es infalible. House que va directo al plexo y convierte cualquier ambiente en fiesta. El nombre del hit da una idea del carácter de laboratorio de SNAP!, un proyecto alemán llevado adelante por los productores Michael Münzig y Luca Anzilotti con una troupe variable de cantantes y bailarines. La voz femenina característica que repite como un mantra eso de que “el ritmo es un bailarín” es de Thea Austin y la masculina del rapper Turbo B. Con este “hitazo quemapistas” los SNAP! fueron número en Reino Unido y entraron en el top 5 en EE.UU. Sin fecha de vencimiento.

What Is Love” (Haddaway, 1993): Los versos “What is love, baby don’t hurt me” quedaron fatalmente asociados a una de las escenas más desopilantes de Zoolander, la comedia sobre el mundo de la moda protagonizada por Ben Stiller y Owen Wilson en 2001. Haddaway es uno de los mayores one-hit wonders (”maravilla de un único hit”) de los 90 y otro caso transnacional en esa escena llamada eurodance. De origen caribeño (Trinidad y Tobago), Nestor (sí, Nestor) Alexander Haddaway es hijo de un oceanógrafo alemán y una enfermera estadounidense. Pasó su infancia y adolescencia entre Alemania y los Estados Unidos hasta que terminó por radicarse en Colonia, donde consiguió llamar la atención del sello Coconut Records. La frase “What is love” empujada por un fraseo de sintetizadores es memoria pop pura y convirtió este éxito efímero (Haddaway nunca pudo repetirlo) en un clásico instantáneo. Otra marca del género: pegar y desvanecerse con las luces de la noche. Noventómetro al rojo.

“Sing It Back” (Moloko, 1998): Otro hitazo dance de los 90 que se deja oír en las fiestas en torno a “El Sol” es este de Moloko que puso en órbita a la cantante y actriz irlandesa Róisín Murphy. Incluido en el segundo álbum del grupo (I’m not a doctor) fue remixado hasta el hartazgo por la plasticidad de una melodía con cierta inspiración en el jazz cocktail pronunciada desde el hedonismo del house. Moloko debe su nombre a la jerga nadsat de La Naranja Mecánica (es la leche con narcóticos que consume la pandilla de Alex) y se los asociaba con la escena trip hop, aunque siempre tuvieron un espíritu festivo y una sensibilidad más cercana a Saint Etienne que a los oscuros Portishead. El grupo está parado desde 2006 y Róisín Murphy sigue como solista (en 2020 editó el muy recomendable Róisín Machine).

“Watch Me Go” (Da Chick, 2020): El cierre del segmento dance de la música de la Temporada 2 queda a cargo de la joven portuguesa Teresa de Sousa, que bajo el nombre de Da Chick viene haciéndose oír en el circuito electrónico europeo desde 2017. “Watch Me Go” tiene remiscencias al chill de principios del nuevo siglo (ese mood Ibiza) y forma parte del su primer álbum: Conversations with the Beat. Una elección interesante de los productores de la serie, que conecta con el presente de una escena que en el transcurso de los últimos quince años se volvió de nicho. Como se puede escuchar en esta pieza atmosférica, casi una canción ambient, al dance también le llegó el momento retro. Mucho más en un contexto donde bailar entre desconocidos es poco menos que una utopía.

“Suave” (Luis Miguel, 1992): Modelada en el Miami Sound Machine de Gloria Stefan, “Suave” es uno de las canciones más logradas por el Luismi pop, con una intro cuyos arreglos retoman el estilo de una big band posmoderna (ese sonido asociado a los hits de Matt Bianco) poniéndole bronces y swing al definitivo crooner de Latinoamérica. La canción fue compuesta por el guitarrista Kiko Cibrián, que se incorporó a la banda del cantante para luego ser convocado para el think tank por detrás de Aries, el álbum que le dio un Grammy tras su repaso de los boleros tradicionales en Romance (1989). La formación jazzera de Cibrián, hijo de un mariachi, fue fundamental para dar con el tono de este “Suave” que el coro entona como un estridente unísono de cuerdas. Cibrián supervisa la música de la serie y es una suerte de coach para el actor devenido cantante Diego Boneta.

“Cómo Es Posible Que A Mi Lado” (Luis Miguel, 1995): Otro producto notable de la sociedad entre Cibrián y el emancipado Luis Miguel es este tema muy influido por el dance (el comienzo es puro house) y por los arreglos del jazz VIP de George Benson y Al Jarreau. La versatilidad del cantante se pone a prueba en este track donde arranca a cantar muy arriba entre baterías programadas y flashes de sintetizador. Es una historia que arrastra el ADN posesivo del bolero, la ranchera y el tango, pero a la que el swing contagioso le quita dramatismo para convertirla en una impecable canción dance. El contrapunto entre el crooner mexicano y su coro sostiene el punch del que fue el segundo corte del álbum Nada Es Igual, en el que también participó como compositor Alejandro Lerner (el disco vendió casi 500 mil copias en Argentina: números del siglo pasado).

“El Día Que Me Quieras” (Luis Miguel, 1998): En el ambicioso álbum triple Todos los Romances el “Sol” (un Rey mexicano de la canción) fue por todo: encarnar la definitiva voz romántica de toda América, desde Tijuana hasta Río de Janeiro (incluye una bossa nova) y, claro, también Buenos Aires donde se cansó de llenar el estadio de Vélez Sársfield. De ahí que el álbum incluya dos tangos: “El Día Que Me Quieras” y “Uno”. Esta versión donde se explota a fondo el carácter melódico del original podría sonar a lo que los detractores de Le Pera creían que le estaba haciendo a Gardel: corrompiendo su carácter artístico para internacionalizarlo. No se lo perdonaron en vida y ni siquiera después del fatal accidente de Medellín. La interpretación vocal de Luismi es inobjetable, pero los arreglos (¡esos teclados!) terminan por sofocar el vértigo sentimental del original diluyendo la potencia poética de la letra. El bandoneón, confundido, aparece casi como un efecto especial.

“México En La Piel” (Luis Miguel, 2005): Bajo la producción de Armando Manzanero, Luismi homenajea a su tierra (natal o adoptiva según se cuente la historia) con un disco de rancheras que le reportó ventas por cinco millones de discos. “México En La Piel” fue compuesta por José Manuel Fernández Espinosa, autor de más de cien canciones populares mexicanas. Un tributo que, conforme el estilo del cantante, combina una instrumentación apta para oídos internacionales con los sonidos precisos del género (arpa, trompetas) que definen a la canción popular del país. Es casi una postal sonora que recorre su geografía al tiempo que describe sus aspectos musicales (“en el sur se toca con marimba, en el norte con bandoneón”).

“Come Fly With Me” (Frank Sinatra & Luis Miguel, 1994): Si el malvado Luisito Rey no pudo concretar el joint venture entre el Rey del Pop (Michael Jackson) y el Rey Sol de México, Luismi terminó su doctorado como crooner haciendo este dueto fantasmático nada menos que con Sinatra, sobre quien espejó su perfil y estampa. Tras el lanzamiento de Duets –que se editó en 1993, poco antes de que Sinatra abandonara definitivamente los escenarios, con un casting que incluía a Julio Iglesias y Gloria Estefan-, llegó la segunda parte, en la que “Micky” canta en contrapunto con Sinatra, haciendo uno de los grandes standards de su repertorio. Sueño cumplido, aunque faltó el whisky y el habano en el backstage.